Y la historia comienza...
Nieto estaba sentado en el sofá del salón, junto a la puerta del balcón, tomando un chato de vino, acompañado de unas tapas de chacina y escuchando las historias que su Abuelo contaba cada viernes por la noche. Nieto disfrutaba echando esos ratitos y el Abuelo, flamenco por los cuatro costaos, apreciaba la visita de Nieto...
En muchas de esas historias, Nieto era protagonista... Cuando era un niño, el Abuelo aprovechaba para escaparse con él a los bares, tabernas, peñas, ... Desde la mesa, con un vaso de casera y unas aceitunas, veía como el Abuelo sacaba la Sonanta de la funda, ponía la cejilla y acariciaba los trastes de esa guitarra emitiendo los sonidos más preciosos, acompasados y salvajes que jamás ha escuchado...
Nieto, antes de que tu Abuela nos dejara, habíamos decidido que te entregaríamos el tesoro más grande de la familia, - dijo el Abuelo mientras se levantaba de la butaca y dejaba en la mesa el vaso de vino que sostenía con ambas manos, manos castigadas por el paso de los años y por la gran cantidad de horas dedicadas a la guitarra-
Abuelo...
Sssshhhhh, calla Nieto! No interrumpas a tu Abuelo...
Esa noche Nieto recibió la Sonanta con la que tantas veces había visto y escuchado tocar al Abuelo y que había pasado de generación en generación...
A solas en el coche, en la puerta de su casa, miraba fijamente la funda que contenía la Sonanta..., no sabía que hacer..., estaba angustiado y emocionado a la vez. Por fin se decidió abrirla y quedo maravillado con su belleza, y sorprendido con un hecho que no esperaba...
